El día en que murió su tía, Clementine sintió que todo su mundo se desmoronaba. Desde entonces, su mayor reto ha sido descubrir cómo seguir adelante. Para proteger su corazón, diseña un plan: trabajar duro, encontrar a alguien decente de quien enamorarse y no olvidarse de intentar alcanzar la luna. Esto último es absurdo y completamente metafórico, pero su tía siempre decía que hacía falta al menos un gran sueño para avanzar. Durante el último año, ese plan ha funcionado. Más o menos. Lo del amor es complicado porque no quiere encariñarse demasiado con nadie; no está segura de que su corazón pueda soportarlo. Hasta que se encuentra con un desconocido en la cocina del apartamento de su difunta tía. Un hombre de mirada amable, con acento sureño, que tiene