
Qué difícil batallar con personas sin actitud, con compañeros de trabajo conflictivos, con vecinos intransigentes o familiares eternamente pesimistas. Qué desagradable acercarte a tu novia o esposo y encontrarte con una cara de dos metros, un ser siempre amargado, enojado con la vida o poniéndole un pero a las cosas. Le peor de todo es que a veces hasta te contagian el mal humor, la negatividad, el resentimiento y, así, francamente no se puede, ya no digamos ser feliz, sólo vivir.
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