El acelerado desembarco de China en América del Sur tiene la marca de la voracidad de un país que debe abastecer diariamente a más de 1.300 millones de habitantes y que encuentra en el suelo y el subsuelo de nuestro subcontinente una fuente casi inagotable de soja, hierro, cobre, petróleo, bauxita y casi todas las materias primas que necesita para alimentar su imparable desarrollo.