Pensar demasiado no es un rasgo de la personalidad. Es la forma más disimulada de miedo. Roba tiempo, creatividad y metas. Es la cosa más cara y menos productiva en la que invierten las empresas sin siquiera saberlo. Y es una epidemia. Cuando el autor más vendido del New York Times, Jon Acuff, cambio su vida al transformar su habito de pensar demasiado, se preguntó si otras personas podrian beneficiarse de lo que descubrio.